Hoy debemos empezar a entender que ni el sector público, ni el privado, ni el civil por sí solos ni muchos menos una sola organización cuentan con los recursos, los conocimientos, las capacidades y la escala requeridos para hacer frente a fenómenos de gran envergadura y complejidad como la pobreza, la desigualdad, el desarrollo sostenible.

Este planteamiento asociado a la noción de que todos los actores son corresponsables por la construcción de una sociedad más equitativa, próspera, ambientalmente sostenible y democrática, ha dado impulso a nuevas formas de gestión basadas en la acción colaborativa: las alianzas y las redes. Hoy estas formas de gestión colaborativa deberían estar cada vez más presentes en la vida institucional.

Las alianzas son un paradigma de desarrollo que implican cambios en la forma en que los actores conciben su papel en la sociedad y en la cultura de los individuos y las organizaciones, así como en las reglas institucionales.

Las alianzas son un camino prometedor, pues producen soluciones pertinentes, integrales e innovadoras a mayor escala; minimizan y dividen los riegos; aumentan la disponibilidad, la racionalidad y la productividad en el uso de recursos; mejoran la perdurabilidad de las iniciativas y crean relaciones sólidas y confiables.

Las empresas y el sector público deberían estar cada vez más dispuestas a trabajar en alianzas para dar respuestas más efectivas y poder superar situaciones para incrementar el impacto y la productividad.

Las organizaciones empresariales y el sector público, especialmente a nivel local, deben aproximarse con asertividad y estrechar los vínculos de cooperación.

Asimismo, deben ser afianzadas las alianzas con las comunidades. Esto contribuiría a generar relaciones más sólidas, confiables, basadas en la corresponsabilidad y respetuosas de la autonomía.