Cada 11 de septiembre, el Día del Maestro invita a reconocer a quienes hacen de la educación una tarea cotidiana. Pero esta fecha también debería ser una oportunidad para reflexionar sobre cuánto valoramos, como sociedad, el trabajo docente y sobre las condiciones concretas en las que muchas maestras, maestros y profesores sostienen todos los días la escuela.

En tiempos en los que, desde algunos sectores de la comunidad, la tarea docente es cuestionada, simplificada o poco reconocida, resulta necesario recordar que detrás de cada clase existe mucho más que el tiempo frente a los estudiantes. Hay planificación, estudio, correcciones, reuniones, formación permanente, acompañamiento de trayectorias, escucha de las familias, resolución de
situaciones complejas y un compromiso que con frecuencia excede ampliamente la jornada laboral.

Los docentes son trabajadores. Viven de su salario, sostienen a sus familias y necesitan
condiciones laborales dignas. Por eso, reconocer su tarea también implica hablar de salarios que
permitan vivir, de edificios escolares adecuados, de recursos pedagógicos suficientes, de estabilidad y de políticas públicas que jerarquicen verdaderamente la educación y a quienes la hacen posible.

Muchas veces la realidad cotidiana muestra otra escena. Frente a la falta de materiales o a las necesidades de sus estudiantes, son los propios docentes quienes organizan campañas, buscan donaciones, gestionan recursos o llevan a la escuela elementos de sus hogares. Lo hacen para que un proyecto pueda realizarse, para que un estudiante tenga lo necesario o para que la falta de recursos no se transforme en una barrera para aprender. Ese compromiso merece reconocimiento, pero no debería naturalizarse como reemplazo de las responsabilidades que corresponden al Estado y al conjunto de la sociedad.

La docencia también supone una lucha cotidiana por sostener el derecho a la educación en contextos que muchas veces no ofrecen las mejores condiciones. Es acompañar a quien atraviesa una dificultad, volver a explicar, buscar otra estrategia, escuchar una preocupación, construir vínculos, abrir posibilidades y seguir apostando por cada trayectoria aun cuando los recursos sean
escasos.

Por eso, valorar a los docentes no puede reducirse a un saludo una vez al año. La valoración debe expresarse en respeto, acompañamiento, escucha y reconocimiento social. También debe traducirse en condiciones de trabajo que dignifiquen una tarea para cualquier comunidad que aspire a construir un futuro con mayor igualdad.

En la escuela se enseña, pero también se contiene, se acompaña, se crean oportunidades y se construye comunidad. Detrás de cada estudiante hay docentes que todos los días vuelven a elegir la educación, incluso frente al cansancio, las dificultades y las demandas crecientes.

Que este 11 de septiembre no sea solamente una fecha para felicitar. Que sea también un día para mirar la realidad de quienes educan, escuchar sus reclamos y comprender que defender la tarea docente es defender la educación. Porque detrás de cada aula hay trabajadores y trabajadoras que merecen respeto, reconocimiento y condiciones dignas para desarrollar una de las tareas más importantes de nuestra sociedad.

A todos los maestros, maestras, profesores y profesoras: gracias por enseñar,acompañar y seguir construyendo escuela cada día.

Betina Paez

Sec. Gral. de UDOCBA Patagones